Jueves, Junio 04, 2020

Dos mil diecinueve terminaba con aires de cambio, nuevo gobierno nuevos paradigmas, de CEO a científicos, el período estival nos regalaba ese ansiado descanso a la luz de un sol más radiante y todos comenzamos a vivir sin duda la temporada que más nos libera, aparece la piel y los humores cambian las fiestas de fin de año nos regalan locuras y, …empezando enero de lejos escuchábamos en las noticias una enfermedad que no sabíamos si era resfrío o gripe virus o que…, si venia de una sopa de murciélago o de la ciencia bélica, poco relevante parecía.
Solo asombrados por la magia de la ingeniería nos desvelábamos en tertulias comentado más la construcción de un hospital en diez días que la base del por qué esa construcción.
Y entonces de golpe el mundo occidental entendió aquella metáfora apocalíptica “el batir de alas de una mariposa en china genera un tsunami en América”, más asimilable sin duda a la guerra comercial entre las grandes potencias de los continentes opuestos geográficamente que lo que realmente pasaría.
Se disparó el COVID 19, el que…….?, se disparó la pandemia, y con ella como torbellino sobrevinieron una infinidad de cambios algunos temporales, esperemos,y otros seguramente definitivos por que rozan con la formar visceral de relacionarse de nuestra sociedad.
Recuerdo de chico la vecina renegando por que se pintaba la rayuela con tiza en la vereda de casa, y hoy asistimos a la escena natural de ver una cantidad de rayas círculos y cuadrados en las veredas, desafiando a uno a pegarse un par de brincos, esperando no malograr algún tobillo (porque no se puede ir a la guardia), rememorando aquel tiempo de niñez abandonado en general por la constante emergencia, pandémica también, que tiene nuestro país, a lo mejor sin duda el mayor cambio temporal que vivimos…, el abandono de la emergencia económica por la sanitaria, POR AHORA; ya que en todas nuestras cabezas se ha oficializado la grave amenaza que la epidemia del coronavirus supone para la macroeconomía y sin duda la preocupación constante para los ya flacos bolsillos, de cada uno de nosotros, de las PyMES, de profesionales azotados por la mayor pandemia inflacionaria Argentina.
Se acabaron las novelas y el prime time nos convoca ansiosos y con morbo a ver el informe del COE, acaso algo más parecido a aquella muletilla del programa inspirado en el libro de George Orwell“como en la vida misma” y vemos como día a día llevamos adelante en conjunto y con gran esfuerzo la vida guardados para protegernos, más allá de los arrestos de algunos tarados desubicados en tiempo y espacio.
Y entonces un día nos decidimos vestir, también por protección, a la usanza de los Dalton de Luky luke, y lo que podría ser una símil semblanza de los forajidos de Bonanza, paso el tapabocas a ser el elemento distintivo de la moda, y, de cierta forma la expresión de nuestros ojos queda como única pista para poder distinguir a los conocidos, por lo que se ven frecuentes saludos cabeceando o el tradicional ¡eehhhh!! Como estas, sin haber distinguido a nuestro interlocutor. Habrá que acostumbrarse a convivir con el camuflaje protector y sacar ventaja picara la locución ‘a ojos cegarritas’.
El silencio, eco sordo de la angustia, se manifiesta tajantemente en la ausencia de jinete del caballito de la calesita del Parque San Martin, y todas las plazas se ven privadas de la sonrisa de los niños, esa lluvia de estrellas que necesitamos para bañar el desierto que nos genera el confinamiento.
Se adaptaron términos que antes solo aparecían en cátedras de información proxémica como distanciamiento social, distancia sana, u otra que se choca de bruces con la necesidad que tenemos como buenos latinos de aferrarnos al sabor tierno y afectuoso de los abrazos, sin duda el cambio que más nos cuesta, es no poder acercarnos a los que queremos. Y así comenzaron a surgir las ideas de sexo virtual incentivadas por quienes coordinan la batalla nacional contra este Bicho, idea antes referida a algún loco un poco onanista o a aquellos amantes que rememorando experiencias preteridas y por la distancia intrusa le dan rienda suelta a la concupiscencia y a los deseos contenidos por WhatsApp.
Han llegado incluso, estos cambios impuestos por el Bicho, a encontramos con la cruda realidad de la incongruencia del mayor dignatario del país, de pedirnos que por protección nos encerremos en nuestros hogares, no registrando en su pensamiento, que el se ha expresado en contra de la más feliz y protectora de las cuarentenas.
El Bicho nos interpela con cambios profundos de conducta social, ¿serán permanentes?, ¿nos acostumbraremos a eliminar hábitos afectuosos?. Queda reafirmar la teoría de si es el hombre un animal de costumbre. Solo el tiempo nos lo podrá decir…

Autor: Esteban dido.

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