La UCR entra en una semana decisiva: Incertidumbre, disputas internas y una conducción que nadie quiere asumir

La UCR enfrenta tiempos complicados. En medio de su crisis partidaria, en los próximos días tendrá que renovar sus autoridades. Nadie quiere hacerse cargo.

La Unión Cívica Radical (UCR) encara días definitorios en medio de uno de los momentos más turbulentos de su historia reciente. Con una fuerte caída en su representación parlamentaria y con un liderazgo nacional debilitado tras las elecciones del 26 de octubre, el partido deberá renovar sus autoridades el próximo viernes, pero sigue sin un rumbo claro ni consensos a la vista. 

El Plenario de delegados deberá designar al nuevo presidente del Comité Nacional, aunque la principal certeza es la más incómoda: no hay acuerdo sobre quién debería suceder a Martín Lousteau, y la mayoría de los dirigentes quiere dar vuelta la página de su gestión.

Martín Lousteau, el terror de la UCR

En los distintos sectores del partido hay coincidencias sobre el cierre del ciclo de Lousteau. Referentes del interior califican su conducción como “desastrosa”, señalando una ruptura entre el Comité Nacional y los bloques legislativos que se tradujo en un desempeño electoral pobre.

En ningún distrito ganamos por mérito propio, siempre dependimos de acuerdos”, se quejó un dirigente crítico de la gestión del senador porteño. Otro referente fue más tajante: “Lousteau defendió a Provincias Unidas, que ni siquiera era una expresión radical, y terminó con apenas el 6%”.

En privado, algunos gobernadores también cuestionan que el Comité Nacional no haya acompañado las necesidades de los territorios. O, como sintetizó un dirigente: “Lousteau peleó su propia batalla, no la del partido”.

Gobernadores, tensiones con Milei y un radicalismo que busca reubicarse

El debate sobre el rumbo de la UCR se entrelaza con la relación con Javier Milei. Si bien sectores internos temen una eventual alineación del partido con La Libertad Avanza, otros plantean que el radicalismo debe leer con pragmatismo el escenario político.

“El partido necesita actualizarse; la sociedad está en otra frecuencia. No es hacer mileísmo, es comprender el momento”, explicó un referente que promueve la colaboración con la Casa Rosada al portal TN.

Los gobernadores aparecen como un factor clave. Algunos, como Alfredo Cornejo o Leandro Zdero, ya tienen puentes abiertos con el Presidente, mientras que otros —como Maximiliano Pullaro o Carlos Sadir— mantienen una postura más distante. Aun así, entre ellos aseguran que el vínculo es sólido y que cada provincia tiene autonomía para negociar.

Un histórico del radicalismo intentó diferenciar su postura del peronismo: “Siempre colaboramos con las leyes necesarias. En la Ley Bases jugamos un rol central. Los que se oponen por deporte son otros”.

El vacío en la conducción: un favorito que no quiere ser presidente

Entre los nombres en danza para encabezar la nueva etapa, Gustavo Valdés aparece como el dirigente con mayor consenso. El gobernador de Corrientes combina gestión, proyección nacional y buena relación con distintos sectores internos. Sin embargo, desde su entorno insisten en que no está interesado.

“No se puede conducir a quienes no quieren ser conducidos”, explicaron cerca del mandatario, antes de lanzar otra advertencia: “Quieren elegir un presidente al que puedan darle órdenes, cuando debería ser exactamente lo contrario”.

Esto abre paso a un escenario de transición. El partido baraja alternativas como Maximiliano Abad, Daniel Kronenberg, Ramón Mestre o Soledad Carrizo, nombres que podrían encarnar una etapa puente sin grandes rupturas. En ese lote también aparece la vicepresidenta del partido, Pamela Verasay, figura cercana a Cornejo y con chances de quedar al frente del bloque de Diputados.

¿Habrá “operativo clamor”?

Aunque Valdés insiste en su rechazo, en algunos sectores no descartan que finalmente asuma si se lo piden de manera unánime y si se le otorgan condiciones políticas concretas, como mayor influencia en la estructura parlamentaria. Sin embargo, quienes conocen su pensamiento no lo ven cediendo ante esa presión.

De cara al viernes, la sensación general es que la UCR llega al plenario sin una figura capaz de ordenar el mapa interno ni una estrategia clara de reconstrucción. El radicalismo enfrenta, así, un desafío que excede la elección de un nombre: definir si quiere ser protagonista del nuevo ciclo político o resignarse a seguir diluyéndose en acuerdos ajenos.