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SUEÑOS DE UNA COOPERATIVA: CAUQUEVA, DE LA TIERRA A NUESTRA MESA

cauqueva prodLos pueblos del norte argentino, lograron revalorizar sus productos a pesar de las dificultades económicas, históricas y sociales que vivieron a lo largo de los años. Gracias a la ayuda mutua entre las familias y las comunidades de la quebrada construyeron un espacio en donde los agricultores pudieron elevar los cultivos de la región. La Cooperativa Agropecuaria y Artesanal Unión Quebrada y Valles (Cauqueva), impulsó sueños y esperanzas de jóvenes que necesitaban vivir de su tierra.
 
 
 
 
 
 
El ingeniero agrónomo Javier Rodríguez, asociado de Cauqueva, se encuentra presente en este proyecto desde el minuto cero de su creación. Desde su visión y participación nos expresó que pasaron por muchas etapas previas antes de crear la cooperativa tal y como es hoy. Para poder entender la situación en la que se encontraba la quebrada en ese momento comentó: “no era lo que hoy vemos, eran pueblos desolados, no había jóvenes, eran viejos y niños, y las edades intermedias migraban a buscar trabajo, había turismo pero era muy marginal. La familias tenían algo de agricultura para consumo, salvo muy pocos que hacían agricultura comercial y les iba bastante bien”.
Las políticas de estado de los años ‘90 y sus consecuencias, entre las que se puede mencionar una  situación de fuerte desempleo, llevó a que  todas las familias que utilizaban sus tierras para autoconsumo, rápidamente se convirtieron en comerciales, pero Javier mencionó que “los mercados nunca reaccionan al mismo tiempo que la oferta”, explicando que la oferta puede ser explosiva pero la demanda va creciendo lentamente, entonces lo que empezó a ocurrir es que habían muchos productos y pocos compradores.
A partir de esta crisis, en donde el productor no vendía o vendía muy barato, aparece un programa nacional que apoyaba a la organización de los productores, y empezó a generar un proceso que dura tres años de reuniones y acciones en una agencia del INTA, en donde decidieron crear una cooperativa agropecuaria para mejorar la producción. Así empieza a dar sus primeros pasos, Cauqeuva en los años 1996.
“Todos los primeros años fueron muy difíciles” señaló Javier, pero a pesar de las trabas y circunstancias que no permitían que crecieran siguieron encaminados. Hasta que en el 2000 lograron obtener un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo y consiguieron un crecimiento explosivo. “Esto nos permitió tener una cartera de créditos propios, mejorar las ventas. A partir de este apoyo logramos instrumentar un sistema de ventas, lo que más vendíamos eran hortalizas, el mercado hortícola es un mercado dinámico y variado” expresó.
Todo parecía que iba a progresar sin medida, hasta que la situación económica del país otra vez dijo presente. La crisis del 2001 que produjo un clima de inestabilidad social y económica también afectó a Cauqueva. La disposición del gobierno de restringir la extracción de dinero en efectivo de los bancos, limitó el sistema que regía en la cooperativa. Javier comentó “el sistema estaba bancarizado y el “corralito” te dejaba sacar 1200 pesos por mes, y eso equivalía a un camión chico de la cooperativa y nosotros movíamos seis camiones de esos por semana, eso nos liquido, era insostenible”.
 
Pero el espíritu de continuar y mantenerse vivos, los llevó a que abandonen las hortalizas y apuesten a las papas andinas. Un cambio que fue de la mano con la moda que empezaba a surgir en ese momento, en donde lo regional y lo autóctono comienza a cumplir un papel fundamental.
En poco tiempo las papas andinas sostenían la estructura de la cooperativa. “Nos costó un poco pero logramos levantarnos de nuevo y fuimos aprendiendo cómo funcionaba el mercado en relación a nuestro producto. Ganamos mucho prestigio, desarrollamos formas de empaque y sistema de calidad”.
Esto produce una presión de la región central de los grandes productores de papa común que termina en una resolución de SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) que Javier definió como “discriminatoria, porque decía que estaba prohibida la salida de papas andinas provenientes de pequeños productores de Jujuy y Salta, después sacaron lo de pequeños productores, pero es discriminatoria porque en realidad en ambas provincias hay papas común y no tienen restricción”. Situación que quiso frenarlos, pero vieron que cumplían con los parámetros de calidad y no fue un problema.
Pero en el 2006  cuando estaban por arriba de las 100 toneladas de producción y venta, explota el contrabando de papas de Bolivia. “Planteamos el control y la respuesta fue negativa, eso nos tiro de vuelta. Ese año fue tremendo” indicó Javier.
Frente a ese límite empezaron a desarrollar productos industrializados. Con las papas hacen puré deshidratado, papas pre cosidas y envasadas al vacio, con los granos; harinas, alfajores y actualmente fideos de harina de maíz y chizitos. Trabajan fuertemente con la Universidad Nacional de Jujuy (UNJU) en el laboratorio de alimentos de la Facultad de Ingeniería. A partir de este apoyo se pudieron especializar en alimentos libres de gluten.
La sede central y la planta de alimentos, se encuentra en Maimara, tienen una sub sede de carácter social que está ubicada en Tumbaya, un comercio en Tilcara y en San Salvador de Jujuy en donde se venden productos de la cooperativa.
En este momento los productos de fideo de maíz están desplazando a las papas como principal motor de la economía de Cauqueva, por lo que lograron abrir nuevos mercados. Javier manifestó que “si bien venimos dando pasos chicos, apostamos a la sustentabilidad económica. Los productos están íntimamente ligados con la biodiversidad, tenemos fideos de distintas variedad de maíz, 100 variedades de papas, 47 variedades de porotos, todo un trabajo de connotaciones ambientales, utilizamos energía solar, porque la idea es que sean coherente con el medio ambiente”.
Buscan que sus productos se diferencien, que sean sanos y ricos. Los chizitos son los únicos de maíces no transgénicos, de harina integral pero además están saborizados con aceite de oliva, hierbas deshidratadas, como ser apio, cebolla, orégano, puerro, entre otros. No poseen glutamato, que como explicó Javier, además de realzar el sabor provoca adicción y algunos denuncian que tienen fuerte impacto metabólico.  
En cuanto al sistema comercial, comentó que empezaron a caminar en un proceso que permite que las cooperativas sean puntos de ventas de otras cooperativas, lo que llevaría a que consigan una distribución espacial inmensa. Un dato importante que se desconoce es que uno de cada cuatro habitantes del país es asociado a una cooperativa, por lo que se habla de un mercado potencial inmenso.
Para definir Cauqueva, Javier expresó “es una olla de barro, un lugar que en los últimos años albergó sueños, proyectos, personas, dificultades, en los tiempos difíciles fue fuente de empleo para mucha gente, fue un refugio para los agricultores. Asimismo muchos se sumaron con alguna propuesta y encontraban un lugar, porque además de la  cuestión productiva, tiene un museo, restaurante, actividades culturales, sociales. Ha hecho alfabetización, capacitación, muchos agricultores pudieron salir de la provincia. Una olla que a veces se pincha y pierde pero se puede arreglar, esa es la imagen de Cauqueva”.
 por MELINA FORERO
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